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Eva Igualada
Escritora. Persona con experiencia en trastorno de salud mental

«Estaba hecha pedazos y esos pedazos estaban hechos de mí»

Eva Igualada

Me llamo Eva Igualada y hace algunos años tuve problemas de salud mental, cosa de la cual, actualmente, no me avergüenzo ¿Por qué avergonzarse de ello?

Desde que era pequeña no tuve una infancia nada fácil, ni con la familia ni en el colegio. Y a los nueve años empecé a tener problemas con la alimentación, o, mejor dicho, conmigo misma. A raíz de eso, empecé a tener todo tipo de problemas: de conducta, varios intentos de suicidio, de adicciones… y muchísimos ingresos en varias plantas de Psiquiatría, hasta acabar, como siempre he dicho, muerta en vida y con la enorme etiqueta de «trastorno límite de la personalidad».

Llegó un momento en el que nadie se planteaba que yo pudiera estar bien, ni siquiera yo misma. El odio hacia mi persona, hacia el mundo y hacia la vida entera hizo que cayera en un profundo pozo negro del que me era muy difícil salir.

Lo más importante para mí ha sido todo lo que he ido aprendiendo durante el proceso de escritura. Gracias a todo ello, he logrado ser quien soy ahora, con mis más y con mis menos.

Hace unos diez años, cuando empecé a recuperarme, decidí escribir un libro, que realmente me planteé escribir cuando tenía dieciséis años, durante uno de mis ingresos, en los que no hablaba con nadie, solamente escribía y escribía. Entonces ya le puso el título con el que finalmente lo publiqué: A través del espejo. Mi libro es una autobiografía narrada en primera persona sobre todo lo que sucedió esos años, pero lo más importante para mí ha sido el trabajo introspectivo y todo lo que he ido aprendiendo durante todo el proceso de escritura. Gracias a todo ello, he logrado ser quien soy ahora, con mis más y con mis menos. Con él, intento dar otra visión desde otra perspectiva de lo que es un trastorno límite de la personalidad y todo lo que eso conlleva y abarca.

Visibilizar el trastorno límite de personalidad

Creo que a día de hoy aún falta indagar más en este trastorno de personalidad, no es algo con lo que se nazca, no es algo que se quiera y, mucho menos, no es algo con lo que alguien que lo sufra lo pase bien. Hay que partir de la base de que la personalidad se forma durante la infancia y la adolescencia, y que la familia y el contexto social en el que una persona se mueve son fundamentales para un desarrollo funcional correcto de las emociones. La familia tiene un papel muy importante en esto, por lo que, en mi opinión, se tendría que trabajar más profundamente y en conjunto y no sólo con la persona afectada, ya que, trabajando de manera conjunta, educando también a los padres, escuchando a la persona que tiene el trastorno y realizando un trabajo interdisciplinario entre todos los profesionales creo que se puede ayudar a alguien que está en esta situación.

Yo misma me encontré en muchas situaciones en las que no fui escuchada y en las que nadie creía mis palabras, porque yo era la que desvirtuaba, la que malinterpretaba, y no era así. Los prejuicios y estigmas que hay en salud mental y, sobre todo, me atrevería a decir, en concreto con el trastorno límite de la personalidad, dificultan la tarea de poder ayudar; la falta de personal en las unidades de psiquiatría y la poca comunicación y escucha activa que hay tampoco ayudan mucho. Es por eso que es necesario dar voz a estas personas.

Desde mi punto de vista y en mi opinión, creo que todavía falta muchísimo por avanzar en el mundo de la salud mental y creo que todavía hace falta dar más visibilidad a unos trastornos casi invisibles. Hace falta personal especializado, formación y muchísima empatía, y puedo decir esto también en primera persona después de haberme dedicado los últimos diez años de mi vida a trabajar en el ámbito de la salud mental.

Cuando te otorgan la etiqueta de «loca», hasta tú misma te crees que estás loca; cuando te dicen una y otra vez que es un trastorno crónico (cosa que me ha quedado claro que no es así), no piensas en tirar hacia adelante, piensas que ya es suficiente, que no mereces eso y que es mejor estar muerta que vivir toda una vida entera sufriendo y luchando por algo que no va a llegar, que es conseguir ser feliz. Pero se puede, cuando te das cuenta de que todo depende de ti misma, que eres tú la que tiene que apostar por ti misma y poner un pie en el mundo y decir «yo me quedo aquí, yo merezco ser feliz, yo decido vivir».

Llega un momento que piensas que no puedes tirar adelante, que no mereces estar pasando por esto y que no conseguirás nunca ser feliz. Hasta que te das cuenta de que eres tú la que tiene que apostar por ti misma.

Necesito compartir, ya así lo hago en mi libro, que con una buena red asistencial, social, educativa y, sobre todo, también con ganas y confianza en uno mismo, una persona se puede recuperar de manera satisfactoria y llegar a tener una vida totalmente «normalizada». La recuperación no es fácil, la vuelta a la sociedad tampoco lo es, pero se puede lograr. He tenido suerte de tener un padre, una hermana y unos amigos que me han brindado siempre su apoyo, que no siempre ha sido como yo he querido, pero sí como ha sido necesario, poniendo, sobre todo, límites claros, que fue lo que hizo que yo consiguiera avanzar.

Un fragmento del libro 'A través del espejo'

Quiero compartir un fragmento del poema final de mi libro:

«El día en el que aprendí reescribiendo mi historia, que soy yo quien manda, que yo soy quien decide quién se sienta a mi lado a ver la película de mi vida sin la necesidad de tener a alguien al lado para no sentirme sola, el día en el que crecí comprendiendo todas y cada una de las versiones de los demás, que nadie nace con un manual de instrucciones bajo el brazo y que todos cometemos errores, muchos errores, que las palabras duelen más que las hostias y que hay que pensar bien lo que se dice para no herir, porque, una disculpa vale una vez, a la siguiente ya no me vale y tampoco tendría que valer a otros.

Cuando me di cuenta, como decía Papá Alpha de que «la prisa mata y que lo que crees eterno es más efímero de lo que imaginas», cuando llené esos vacíos, agujeros negros y dolores conmigo misma, conociéndome, respetándome y marcando límites.

Cuando agarré ciertas manos que me hicieron de salvavidas en momentos de oscuridad, porque sí, todos necesitamos que a veces alguien nos rescate de nuestros pensamientos destructivos.

El día en el que confirmé que las personas mienten, pero que la mentira más grande es la que tú no quieres ver y la que te dices a ti mismo hasta creértela.

Cuando te das cuenta de que la felicidad absoluta no existe, que esta se compone de pequeños momentos felices que hacen bonita tu vida.

Cuando me di cuenta de que sí había gente que me quería por lo que era cuando yo no me quería a mí, también me di cuenta de que aquel dicho «quiérete para poder querer a otros» era mentira, que siempre habrá alguien que te dé un poquito de amor, el caso es si tú aceptas ese amor».

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 26 de Marzo de 2024
Última modificación: 26 de Marzo de 2024