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¿Cuál es el gran reto en la atención de la salud mental a nivel global?

«El gran reto que tenemos a nivel mundial es la lucha contra el estigma y la discriminación. Las personas con problemas de salud mental son reacias a hablar sobre ello por miedo a ser juzgadas en todos los aspectos, incluso en su capacidad de gestionar su vida. El nivel de estigma y discriminación es muy alto en todo el mundo. En algunos países, por ejemplo, si tienes un diagnóstico de salud mental no puedes acceder a un trabajo en la administración pública o no puedes contratar un seguro de salud, lo cual es enormemente discriminatorio.

Debemos superar esta situación y ello significa cambiar actitudes y mentalidades a todos los niveles, tanto en la sociedad como en el diseño de las políticas públicas. Es por ello que en la OMS nuestro campo de acción para el cambio está en diferentes niveles. Uno no puede darse sin el otro. Si no cambias la mentalidad, no vas a cambiar la política, así que debemos hacer un esfuerzo para que el cambio se produzca en todos los sectores de la sociedad y que el abordaje del estigma y la discriminación sea realmente comprensible.

Por ejemplo, en el caso de los cuerpos policiales, si tienen una mentalidad negativa hacia alguien que puede tener un trastorno de salud mental y están interviniendo en una crisis, es más probable que usen la violencia o un exceso de fuerza debido a esas ideas preconcebidas. O en el caso de un niño con un problema de salud mental, quizás en la escuela consideran que es menos capaz de contribuir, menos capaz de estudiar y, debido a esas ideas preconcebidas, no ponen el mismo esfuerzo en adaptarse que pondrían si se tratase de un alumno con un buen desempeño general.

Sucede que el estigma y la discriminación puede ser muy sutil o puede estar incluso escrito en las políticas públicas, por ello debemos abordar los diferentes niveles: cambiar actitudes y mentalidades, introducir capacitación y programas en diferentes sectores y cambiar políticas a todos los niveles.»

Diversos expertos dicen que el mundo va a cambiar, que entraremos en un cambio sistémico en el que todo se medirá por los criterios ESG (environmental, social and governance) y que afectará a todos los ámbitos de la sociedad. ¿Cuál es la apuesta de la OMS para que las políticas de atención a la salud mental están alineadas con estos criterios de responsabilidad?

«Pues creo que es un enfoque interesante para describir lo que está sucediendo. La sociedad está atravesando muchos cambios y transformaciones como la sensibilización sobre el cambio climático, el interés por vivir en una sociedad más sostenible, el compromiso de mucha juventud por crear un futuro diferente y, con todo ello, ha llegado también el consenso general sobre la importancia de la salud mental, que ha sido una preocupación central por el impacto que ha tenido con la pandemia de la COVID-19 y con el que muchas personas siguen lidiando a día de hoy.

Esto es relevante porque subraya cómo de importante sido la salud mental para las personas estos últimos dos años, tuvieras o no un diagnóstico, y el papel crucial que ha tenido la comunidad.

Creo que la situación vivida ha ayudado a una mejor comprensión, a aumentar la empatía ante problemas de salud mental, pero no podemos olvidar que la crisis está trayendo un aumento de determinantes sociales desfavorables que ponen a muchas personas en riesgo de tener un problema de salud mental o de empeorarlo y que nos ponen en la tesitura de ver cómo vamos a abordar esta situación.»

¿Qué papel tiene la iniciativa Quality Rights de la OMS en este cambio?

«Quality Rights está trabajando en todas esas áreas diferentes. A través del desarrollo de capacidades, la evaluación de servicios, la participación de la sociedad civil y la reforma de políticas, este proyecto ofrece un enfoque integral para poner fin a la coerción y promover un enfoque de recuperación, a fin de dejar un legado duradero de respeto por los derechos humanos.

La formación la puede hacer todo el mundo: profesionales de la salud, del ámbito social y educativo, de los cuerpos de seguridad, del ámbito legal, ONG, así como la población general.  Es realmente una capacitación para que todos los diferentes grupos transformen actitudes, mentalidades y prácticas con un programa efectivo demostrado con evidencia y con el que hemos visto cambios drásticos en el estigma y la discriminación.

La iniciativa busca también transformar los servicios de salud mental y de apoyo con los que las personas entran en contacto. Estamos pasando de la institucionalización a servicios comunitarios, que no solo están ubicados en la comunidad, sino que también promueven realmente la inclusión comunitaria usando un enfoque de recuperación.

En vez del modelo tradicional biomédico, promovemos servicios de salud mental basados en la recuperación en los que la persona puede realmente explicar sus problemas, donde hay alguien que está escuchando con atención, donde se consensua un plan de apoyo y se abordan las diferentes áreas de la vida de esa persona en las que necesite apoyo. En este sentido, estamos invirtiendo en centros de salud mental comunitaria en los que el modelo de cuidado se aleja del modelo tradicional, en atención domiciliaria, etc.

Además de reformar la política, la estrategia y la planificación de los países, queremos reforzar un cierto modelo de atención y garantizar que las personas con experiencia propia en salud mental sean el centro y lideren todas las acciones en diferentes niveles.»

¿Hasta qué punto ese liderazgo de las personas con experiencia propia es y ha sido importante en este cambio de paradigma?

«Es importantísimo. Se, por mi experiencia y por la de mis colegas, que este cambio no se hubiera producido sin las asociaciones de primera persona. De hecho, yo misma soy un claro ejemplo. Cuando entré a formar parte de la OMS, hace más de 20 años, mi mentalidad era biomédica, por la formación que había recibido. Fue a través del diálogo y el intercambio con las personas con experiencia propia en salud mental, personas que habían estado en el sistema, que cambié mi mentalidad. En este sentido, el trabajo que llevo haciendo los últimos 15 años ha cambiado drásticamente.

Esto es realmente gracias al movimiento asociativo y todo lo que han aportado en esta área. El hecho de que fueran capaces de conseguir la aprobación de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad es un hito importantísimo, por su dimensión y porque les legitima. Se trata de una herramienta de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas que tiene implicaciones legales para los países adheridos. Fue un paso enorme y un referente al que siempre puedes volver porque es un estándar en materia de derechos humanos internacionales.

Para nosotros, la estrategia y objetivos de los Quality Rights no solo son positivos, sino que es más que eso. Se trata de cumplir con unos estándares de derechos humanos que los países han suscrito.»

¿En qué consiste la formación?

«Quality Rights es una capacitación para la comunidad, para todos los diferentes sectores, sin importar el nivel previo de conocimiento sobre el tema. Básicamente esta capacitación le dará a la gente una mejor comprensión de lo que son los problemas de salud mental, de cómo apoyar a alguien que tiene un problema de salud mental así cómo ayudarse a sí mismos, con sus propios problemas de salud mental, de cuáles son los factores de riesgo y tener una comprensión profunda de lo que significa la recuperación.

Nos estamos enfocando en un modelo basado en la comprensión de lo que las personas son en sus vidas, ayudándolos a abordar sus principales preocupaciones, que tienen que ver con las relaciones, las conexiones significativas, con tener un trabajo, con conseguir una mejor vivienda, con lidiar con la discriminación que tal vez hayan experimentado en sus vidas. Tomando un enfoque mucho más holístico.

Esta formación también ayuda a las personas a reconsiderar el modelo de salud mental que tienen en mente. Necesitamos entender que esta es la forma en que las personas han sido educadas en los últimos 30 años a través de los medios de comunicación o la cultura audiovisual. La mayoría de las personas todavía piensan que la salud mental es un problema cerebral, solo un problema de neurotransmisores que debe corregirse. Así es como la población ve la salud mental.

Por lo tanto, esta formación quiere corregir esta mentalidad y hacer entender que es un problema social y que cada uno de nosotros puede ayudar a las personas con problemas de salud mental: conectando, hablando, apoyando, estando allí, asesorando, ayudándolos y resolviendo problemas.

Además de a nivel personal y profesional, la formación también contempla los servicios de salud mental. El mensaje es que se puede hacer las cosas de manera diferente, apoyando la capacidad jurídica de las personas. Sabemos, además, que apoyando a las personas y sus elecciones sobre lo que quieren hacer con sus vidas y con su tratamiento, obtendremos mejores resultados a medio y largo plazo que no con un abordaje tradicional en el que les decimos a las personas lo que deben hacer.»

¿Nos puede poner algún ejemplo de transformación en alguno de los países donde ya se ha implementado el programa?

«Los estudios que estamos haciendo nos revelan un 40% de mejora en actitudes y prácticas en relación a las discriminaciones registradas. Los datos están ahí y se basan en miles de personas que han realizado la formación. En términos de experiencias concretas, lo que las personas formadas nos trasladan es que les ha cambiado completamente su vida profesional en aspectos como la coacción en los tratamientos, la capacidad de escucha y respeto hacia las personas atendidas, hacia realmente una toma de decisiones consensuada con la persona.

Donde tenemos más experiencias es en países como Ghana, Kenia, Turquía, República Checa, Filipinas y varios países europeos. Mucha gente se pregunta cómo es posible que el programa funcione en lugares tan distintos. La verdad es que se están formando personas de todo el mundo y la respuesta que tenemos siempre es similar, sin importar el país.

Esto es así porque desde el inicio diseñamos el programa pensando en una formación de ámbito mundial. Esto te obliga tener muy claros los principios y valores y a escoger muy bien los ejemplos y cómo los explicas para que funcionen en cualquier parte del mundo, que sean flexibles y variables. Tienes que permitir que el alumno use la imaginación para poder identificar esos ejemplos en sus países.

Es difícil y probablemente mejorable, pero lo más interesante es que las experiencias de las personas con problemas de salud mental son similares en todo el mundo. Tanto si eres una persona a quién aplican contenciones mecánicas en Ghana o en España, lo que vas a sentir es lo mismo. Es un tema de reacción humana sea de donde seas, eso es común. Lo mismo cuando se te “desempodera”, cuando no puedes decidir sobre tu tratamiento o tu futuro, aquí, en Francia o en Kenia o cuando alguien empieza a tomar decisiones por ti, solo porque te han diagnosticado un problema de salud mental. Son temas universales, de derechos humanos y el sentir y ser de las personas.»

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